| El Fantasma de Palacio |
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Nunca he creído ni
en fantasmas ni en aparecidos, a pesar de haber
sido testigo de algunos fenómenos paranormales
a los que nunca pude encontrar explicación.
Era de todos conocido que la Infanta Beatriz
veía con frecuencia a su hijo muerto en la
guerra, con el que, según contaba, mantenía
conversaciones de lo más banales. Algunos
miembros del servicio de palacio, sobre todo
los más ancianos, también afirmaban haberse
encontrado con él cerca de los aposentos que
había ocupado en vida, aunque nunca le oyeron
pronunciar una palabra. El caso es que, vestido ya para la ceremonia, empecé a bajar por las escaleras para reunirme con doña Beatriz, del brazo de la cual tenía que entrar en la iglesia. Estaba ya en los últimos peldaños cuando salió a mi encuentro Don Álvaro, con su guerrera inmaculada y sus alas de aviador. - Métete en cualquier sitio - me dijo -, porque ahora va a bajar Pip y trae mala suerte ver a la novia antes de la boda.Sin esperar mi respuesta dio media vuelta y desapareció. En aquel mismo instante me dije que yo no había hablado con don Álvaro. Aquel aviador se parecía a don Álvaro, pero no era don Álvaro. Era el otro hijo abatido durante la contienda. Cuando minutos después me encontré con doña Beatriz, no pude contenerme y le dije en voz baja: - Yo también lo he visto. La Infanta no se inmutó. Ni siquiera me preguntó a quién había visto. Lo daba por entendido |
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