El Fantasma de Palacio  
         
       
 

  Nunca he creído ni en fantasmas ni en aparecidos, a pesar de haber sido testigo de algunos fenómenos paranormales a los que nunca pude encontrar explicación. Era de todos conocido que la Infanta Beatriz veía con frecuencia a su hijo muerto en la guerra, con el que, según contaba, mantenía conversaciones de lo más banales. Algunos miembros del servicio de palacio, sobre todo los más ancianos, también afirmaban haberse encontrado con él cerca de los aposentos que había ocupado en vida, aunque nunca le oyeron pronunciar una palabra.
El caso es que, vestido ya para la ceremonia, empecé a bajar por las escaleras para reunirme con doña Beatriz, del brazo de la cual tenía que entrar en la iglesia. Estaba ya en los últimos peldaños cuando salió a mi encuentro Don Álvaro, con su guerrera inmaculada y sus alas de aviador.
- Métete en cualquier sitio - me dijo -, porque ahora va a bajar Pip y trae mala suerte ver a la novia antes de la boda.Sin esperar mi respuesta dio media vuelta y desapareció. En aquel mismo instante me dije que yo no había hablado con don Álvaro. Aquel aviador se parecía a don Álvaro, pero no era don Álvaro. Era el otro hijo abatido durante la contienda. Cuando minutos después me encontré con doña Beatriz, no pude contenerme y le dije en voz baja:
- Yo también lo he visto.
La Infanta no se inmutó. Ni siquiera me preguntó a quién había visto. Lo daba por entendido
 
 
Boda de José Luis de Vilallonga

La cruda y tierna verdad - Memorias no autorizadas
José Luis de Vilallonga. Pag. 331-332